Con este cerrojo seguro que es “un poco más difícil” eso de que entren a robar en la casa en la que esté puesto.
La gracia es que el cerrojo laberinto sólo tiene una solución posible pero varios caminos, como cualquier laberinto que se precie. Cuesta alrededor de
50$ y desde luego seguro es (porque desde fuera no lo abre nadie ni de coña) pero… y si en un “alarde de seguridad” no atinamos los “pillados” somos nosotros mismos?
Y digo yo, está bien por lo de que en el baño lo mejor no es estar a oscuras en determinados momentos (bueno en ninguno) pero ¿el
papel higiénico fluorescente no será perjudicial? ¿No es mejor encender la luz o lanzarse a la aventura sin ella?
A mi me daría un poco de “yuyu” utilizarlo “en lo oscuro o en lo claro”. Papel brillante en las “partes culeras”, yo a ésto no me apunto.
Se ponen de pie, se tumban…, casi parecen un perrito arriba y abajo, arriba y… En fin que parecen sufriditos, son de colores, vienen en kit de cuatro que cuesta
14,50€ y son como muy entrañables con esa “cabeza tan gorda”.
Pues la respuesta es sí.
Este interruptor enciende y apaga la luz cuando se le sopla.
Este “momento quinqué”, que como dicen en
Gizmodo es una vuelta al pasado, es curioso por lo menos porque ¿qué necesidad tenemos hoy en día de agacharnos a soplar un interruptor, cuando queremos apagar o encender las luces? Pues necesidad ninguna, pero supongo que ésto se le ha ocurrido a algún curioso de lo “súper antiguo”, que quería “vivir en sus carnes” cómo era aquello de “soplarle a la luz”.
Con
este cacharrillo que se adapta al grifo de la bañera, se supone que están aseguradas la cascada y las burbujas.
La cascada porque hace como de alargador del grifo, dejando caer el agua como desde un “tobogán” y las burbujas porque tiene un depósito en el que se puede echar jabón directamente , que con la fuerza del agua al salir, produce las burbujillas para “un baño suavito”.