La primera es “en la que hay que dejarse un riñón”, porque cuesta
273.000 dolarazos y todo porque lleva oro macizo de 24 kilates, 222 diamantes, rubíes, esmeraldas, ahhh y también piel de cocodrilo.
El cocodrilo debe ir medio vivo, porque tanto brillo y alegría cerca, reviven “a lo que sea”.
La otra también tiene “momento animal”, aunque no creo que sea tan cara porque la verdad es que sentarse en una silla para “adorptar culo de avestruz”, no es tan “chic” como “lo de los oros y los brillos”.
Pues eso, que la silla quiere parecerse a una avestruz, ya sabes el plumaje y el culo redondo y eso, así que por lo menos calentit@ sí que se debe de estar…
Pues hay algunos a los que les da por crear
relojes de cuco que incluye a un Jack Nicholson con cara de “de ésta no te libras, fijo” y un mechón de pelo en la frente de “te lo puedo decir más alto pero no más claro…”.
Total, que casi lo de “cagarse de miedo” se queda corto…
Esto es escandaloso, porque
un gato y
un perro meditando e imitando la postura y la imagen de
Buddha no son moco de pavo, más bien son una coña marinera o gatuna y perruna o vaya usted a saber…
El caso es que son feos con ganas y que regalárselos a alguien con poco sentido del humor que además te caiga fatal, tiene que ser como para troncharse de la risa al verle la cara de “me caguen la madre que te parió”.
Parece de locos que se puedan hacer elementos de precisión tan pequeños como éstos. Desde luego no es apto para l@s de pulso “a la virulé”, ni para los que están encantad@s con la decoración gigante, no.
Si no lo veo no lo creo, en mi vida hubiese imaginado que a alguien se le podría ocurrir crear sillas con una pata de cristal a modo de prótesis, como si estuvieran mutiladas o algo así y además llamarlas
Cindirella.
Según la creadora, el vidrio que ha utilizado resiste perfectamente el peso de una persona sentada, pero a mi no me hubiera gustado ser la primera en probar este invento…
¡Lo que hay que ver! Desde luego que hay cabezas para todo…