Parece inofensiva pero es una “
bola demoníaca” que podría sacar de quicio al más pintao.
Una vez que se cuelga “del árbol de la dulce
Navidad“, se dispara un dispositivo que hace que emita ruidos de lo más desagradable como el sonido de los grillos o la risa de un elfo, que según nos dan a entender no debe de ser “así preciosísima”. Tendremos que fiarnos de los “expertos en elfos” que sabrán muchísimo mejor que nosotros cómo suena la risa y es que será que cenar con ellos los sábados por la noche fomenta el conocimiento de ruidos y eso quieras que no une mucho…
Total, que la bola es como para regalársela a tu peor enemigo con la excusa (más bien mentira) de firmar la paz y que después “se cague en tu padre”, porque ten claro que éso lo que haría…
A partir de “ya” la Navidad nos acecha por todas partes y sin remedio alguno. Tanto nos persigue que es inevitable que fotos como ésta pasen desapercibidas…
Vamos a ver, señores dueños de la casa de la foto… que vestir a los
toalleros de Papá Noel no es navideño, es horroroso y seguro que da picores. Que el hecho de que vuestra vecina “Mari Puri” vista a su perro de “reno en nochebuena”, no quiere decir que tengáis que organizar una competición de “a ver quién sufre más en Navidad, que no”. Que ni está bien que sufra el perro ni vosotros tampoco, que lo de que por sufrir te toca el gordo de la lotería es mentira y que ni si quiera al hacer ese sacrificio decorativo os van a perdonar “lo malo” para que entréis en el cielo de los “buenos navideños”…
Érase una vez un Reno Rudolf, que debido a lo cansado que resultaba “dar tantas vueltas en Navidad”, decidió convertirse en un
kit para forrar la taza del baño, que era mucho más “estático” que eso de volar por el cielo en trineo…
Unos cuantos Ho, Ho, Ho, gritaría “el dueño” de estos pantalones al darse cuenta de que está en pelota picada, mientras parte de su ropa hace las veces de
botellero.
Si
Papá Noel no fuera tan previsor y no tuviera más de un pantalón de uniforme, se encotraría sin poder trabajar en Navidad, porque lo que sí que no haría nunca jamás es surcar los cielos del mundo en calzoncillos, eso seguro…